NOS TALADRARON LA ILUSION
Octava derrota sobre dieciséis partidos, un número por demás significativo para calificar esta campaña de Racing que pierde con una facilidad asombrosa, agrandando a rivales que llegan “muertos” a Avellaneda. Banfield, que no quiso ser menos que tantos otros, ganó inobjetablemente 3 a 1, dejando un manto de dudas sobre el presente, haciendo su correspondiente traslado al futuro.
Partidos - domingo, 29 de mayo de 2011, 02:07Hs.
Hay algo nuevo en este Racing:
los partidos que antes perdía sin merecerlo ahora los pierde en forma merecida. Y aunque parezca una humorada es cierto: las derrotas que antes nos dejaban dudas, ahora solo arrojan certezas. El equipo se desestabilizó y en lugar de fortalecerse con un crecimiento lógico apoyado en las individualidades que posibilitaban que la idea de una determinada forma de juego madurara tanto en la ventura como en la adversidad, se trastocó por una serie de hechos desafortunados que conducen invariablemente a perder casi por costumbre.
El dedo acusador como es habitual apunta al responsable de la conducción y la imputación tiene sustento. La cabeza directora no está lúcida, como tampoco lo están los que reciben las directivas. Y ya no se trata de jugar con tres o cuatro en el fondo, si los tres o los cuatro que juegan compiten entre ellos para ver quien comete más errores. Entonces desde la tribuna o peor desde un cómodo sillón de un living se le apunta a
Patricio Toranzo. Transformado en una víctima injusta por ser el único capacitado para clarificar lo que cada vez se torna más oscuro. Pero, los satélites que giran alrededor del “Pato”: ¿En qué sintonía lo hacen? Por lo visto últimamente,
en ninguna. De ahí que se que regalen en cada partido un tiempo o más como sucedió ante Banfield, o una semana atrás frente a Quilmes.
Empeoraron los rendimientos individuales que hicieron que el dibujo original del juego, a esta altura, sea un bosquejo incomprensible.
Iván Pillud parece más preocupado en ganarse su lugar en la selección argentina que va a disputar la
Copa América que en progresar en Racing;
Gabriel Hauche quedó tan impactado con el gol que le convirtió a Independiente que desde entonces no volvió a reaccionar;
Pablo Lugüercio sabe que es ídolo y después de cada partido repasando su juego se pregunta ¿por qué?
Demos un breve repaso por los defensores con el perdón de la palabra defensores:
Marcos Cáceres se quería ir de Racing porque quería probar en otro lugar que debía ser titular, ahora se quiere ir de Racing porque comprobó que le queda muy grande la camiseta, seguramente, la de algún equipo del Nacional B se ajuste a su medida;
Matías Martínez, el subcapitán goleador de otrora, ahora no es goleador y sigue sin consolidarse como la gran promesa de las divisiones juveniles.
Matías Cahais, que tiene menos carisma que
Claudio Vivas , se animó a pedir patear un tiro libre cuando el último que había pateado había sido festejando el cumpleaños de un primo, en el jardín de un amiguito del barrio.
Hablemos del arquero:
Junior, le dicen, porque el padre fue senior, el
Gato Fernández arquero titular durante muchos años de la
selección de Paraguay. Bien, es eso: un junior, quizá pueda jugar algún día en
Paraguayos Juniors, claro que cuando alguno se le ocurra fundar un equipo con ese nombre. Este es, a groso modo, el panorama del equipo de los sueños de las primeras fechas que se transformó por imperio de las circunstancias y por múltiples motivos en el de las pesadillas.
No siempre existe un solo motivo para caer postrado, sino que la mayoría de las veces la enfermedad está conformada por una conjunción de factores que la desencadenan. En éste caso, esos elementos atacaron el organismo del equipo lo pusieron de espalda cuando estaba erguido y minaron su resistencia. Lo peor es que el “curador” hombre probo en el ambiente no encuentra en forma rápida el antídoto para hacerlo reaccionar y todo el entorno se encuentra en la disyuntiva: esperamos que el profesional se ilumine y encuentre la pócima que revitalice al enfermo o damos un giro de ciento ochenta grados y buscamos la solución fuera de casa.
La duda está planteada, si debemos juzgarlo, por ejemplo, después de ver al equipo ante Quilmes y ante Banfield, parecería que la enfermedad es terminal, pero si uno repasa algunos síntomas positivos (está Teo, vuelve Gío, Toranzo y Yacob saben de que se trata y Hauche a veces hace goles) y recuerda que el mismo curador en otras oportunidades demostró su idoneidad, da para pensar en seguir apostando en el proyecto. Algo que alguna vez habría que hacer, a pesar de las adversidades, a pesar de la intolerancia, a pesar de los falsos entendidos que descubrieron el fútbol a través un tubo catódico y creen que un rectángulo de juego no mide 103 por 70, sino que 32 pulgadas.
Ocho derrotas sobre dieciséis partidos son muchas, pero también fue oprobioso jugar la Promoción, irnos al descenso, perder consuetudinariamente prestigio, desnaturalizar historiales que estaban impregnados de triunfos, estar 21 partidos debajo de Independiente y “mil” debajo de River. Siempre quisimos borrar las desgracias cambiando técnicos, como si fuera la panacea de todos nuestros males. Y los entrenadores pasaron y pasaron, entre ellos, algunos ídolos del club que fueron defenestrados por el solo hecho de no lograr el éxito deportivo. Repito, ocho de dieciséis son muchísimas derrotas, pero quién nos asegura que repitiendo la fórmula del pasado, la del descarte prematuro, nos asegure que vamos a corregir el rumbo. Nadie.
Elija: cambiamos y volvemos al mismo circo de siempre o apostamos a la continuidad de un proyecto que tiene sustento y al que solo le falta para definirlo como exitoso o no, una última horneada: léase un último torneo o campeonato, como más le guste. Eso sí, con algún recambio de jugadores, algo que exige esta realidad de hoy.
RICARDO ZANOLI
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