EN LA NOCHE DE BRUJAS VIMOS UN ESPANTO
Quinto empate consecutivo y adiós a los sueños. Racing se despidió de casi todo (la Copa está tan lejos como el equipo de jugar bien) y como en los últimos diez años solo le queda el consuelo de seguir participando. No pudo doblegar a Estudiantes que jugó una hora con un jugador menos, como lo hizo Lanús el miércoles por la noche durante treinta minutos, y en lo que era la última oportunidad de, al menos preocupar a Boca, careció de actitud y aptitud para hacerlo.
Partidos - lunes, 31 de octubre de 2011, 23:15Hs.
Jugar como lo hizo Racing frente a Estudiantes ya es sintomático. El equipo no solo muestra los mismos males sino que empeora. Por culpas compartidas entre un técnico que no encuentra un antídoto para superar la “enfermedad”, y por un plantel endeble y contradictorio que hace muy poco para revertir este mal endémico que lo aqueja. En consecuencia, Racing está enfermo y lo que es peor aún, nos enferma a todos.
En la cancha de Quilmes el equipo se ¿jugaba? la última chance de ponerle algo de emoción a un campeonato que ahora el único interrogante que le queda es saber por cuantos puntos de diferencia lo ganará Boca. Sin embargo, sino fue el de peor rendimiento colectivo y el más flojo en actuaciones individuales no exageramos ni un poco. Nunca tuvo la iniciativa, como es habitual le volvió a ceder la pelota a su rival, y en la primera mitad jamás pudo sacar un contragolpe, tanto fue así que la única aproximación al arco del equipo que dirige
Miguel Russo fue un tiro libre que pateó
Giovanni Moreno que se fue un metro por encima del travesaño.
Y enfrentábamos a un equipo que juega con la estirpe de lo que fue y con la realidad de lo que es. No es casual que Estudiantes marche último, como tampoco ya es casual que Racing empate la mayoría de los partidos que juega. Porque el pincha juega mal y solo puede mostrar los destellos de
Gastón Fernández y porque nuestro equipo
está preparado no para ganar sino para no perder.
Cómo en la cabeza del plantel la prioridad es llevarse algo, y cómo los tres puntos parecen inalcanzables, un punto se ha convertido en el premio consuelo. Jugamos defendiéndonos desde tres cuartos de cancha hacia atrás, todos los futbolistas con la disposición por marcar, obstruir, molestar y de alejar la pelota lo más lejos del arco de
Sebastián Saja. Pero como no hay jugadores que puedan tener el balón éste siempre vuelve como un boomerang, y entonces el desarrollo de los partidos se hace repetido, monocorde hasta convertirse en exasperante. Gío está muy lejos de aquel que fue antes de la lesión. El colombiano piensa la jugada, pero su zurda no le responde en el tiempo de la acción, de ahí que solo aparezcan con cuenta gotas los chispazos de éste jugador fundamental para realizar algo diferente a lo muy precario que se ve en la cancha.
Decíamos que Estudiantes no es el que fue, no lo fue con once jugadores, mucho menos lo tenía que ser con diez. Ventaja que una vez más no supimos aprovechar, porque si algo le falta a éste equipo de
Diego Simeone, además de juego, es carácter. El que sí tiene
Teófilo Gutiérrez, un peleador callejero que no se resigna a su suerte, a pesar de recibir muy poco el balón. Teo no jugó bien pero lo hizo expulsar a
Rodrigo Braña, como frente a Lanús hizo lo propio con
Carlos Izquierdoz, y de yapa contó con las dos únicas jugadas de gol que tuvo el equipo en toda la noche cuando se jugaban los tres minutos adicionados por
Patricio Loustau.
No todos son iguales pero la rebeldía de Teo, no contagia al resto. Si lo sacamos al colombiano de escena nos queda un equipo tan frío que resulta imposible de determinar si realmente le importa lo que está haciendo.
Intentó Simeone cambiar la ecuación desde lo táctico. El complemento lo jugó con una línea de tres defensores con
Agusiín Pelletieri como cuña entre
Matías Martínez y
Matías Chahais, lo adelantó a
Claudio Yacob y les dio libertad a
Iván Pillud y a
Lucas Litch de romper por los costados. Lo único que consiguieron los dos marcadores laterales de Racing fue romper la paciencia de los hinchas. Pillud no desbordó nunca y Litch, en lo que fue el peor partido de su vida, le entregó siempre la pelota a los jugadores de Estudiantes. A pesar de los cambios, otra vez se fue Gío e ingresó
Pablo Lugüercio -¿para qué Cholo?- nada cambió y sobre el final mucho por el cansancio de los jugadores locales que aguantaron con diez durante una hora, Teófilo tuvo dos chances y ambas las malogró.
Otra despedida anticipada, a seis fechas del final volvemos a jugar simplemente por el honor, ese honor al que no hacen, precisamente, honor los jugadores de Racing. A los que parece, mirado desde afuera, no importarles demasiado el desarrollo de los acontecimientos, porque como un disco rayado, todo se repite en forma constante. Hasta aquí lo que se vio no merece ser profundizado,
a veces las ideas parecen buenas pero al ejecutarlas no resultan. Esta experiencia de juego implementada por Simeone no resultó, no rindió sus frutos, al menos, para el pensamiento generalizado del hincha de Racing. No podemos quedarnos en la pequeñez de que marchamos invictos, porque a ese razonamiento se le contrapone otro en forma rápida: solo ganamos cuatro de trece, estamos a diez puntos del líder y sin clasificar a la Copa Libertadores. Se necesita un cambio, así no se puede seguir, es necesario meter mano en el plantel y elegir la mejor táctica con los mejores ejecutores. Restan seis partidos una buena cantidad para experimentar la mejor renovación y cambio.
Ricardo Zanoli
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