Mas cerca de la promoción que de Sudamérica
Racing cayó ante un Vélez que no se esforzó demasiado y festejó el campeonato con un triunfo ante la Academia que sumó la décima derrota en el torneo. El equipo, hasta ayer de Miguel Angel Russo, volvió a quedar cautivo de sus propios errores y rifó una nueva chance de congraciarse con su juego, de recuperar la identidad perdida y de clasificarse a la Copa Sudamericana.
Partidos - lunes, 20 de junio de 2011, 01:28Hs.
Un caso de diván este Racing, un equipo de momentos, tan desproporcionados como su desequilibrio. A veces bien, a veces mal, a veces mal… Muchas veces mal. Sin brillo, ni carácter, con pocos momentos de buen fútbol, con jugadores muy confundidos y encerrados en su propio laberinto.
¿No Pillud? Si no como se explica este estruendoso fracaso que lamentablemente y como un alud arrastró con todo y con todos los estamentos del club. Porque nadie involucrado con el fútbol de Racing sale indemne de esto. Ni los jugadores, los mayores responsables de esta debacle; ni el cuerpo técnico saliente que casi nos dejó en el mismo lugar que estábamos cuando llegó, ni los dirigentes que por ser más sensatos que expeditivos dieron el golpe de timón con el barco semihundido.
Racing ante el campeón dejó al descubierto sus flaquezas anímicas, porque el buen juego lo tiene encapsulado, pero lo tiene. Lo demostró en pocos minutos en el Amalfitani hasta el enésimo blooper de estos jugadores que posibilitaron el empate parcial de Vélez.
Ahí apareció la triste verdad, la que no tiene remedio. Una verdad que nos golpeó tantas veces durante este campeonato y que nunca la supieron disimular. Los errores fueron tan sintomáticos, concurrentes y significativos que desembocaron en la pérdida de partidos, de puntos y de credibilidad. Nos negaron la chance de posicionarnos, futbolísticamente hablando, en la élite de nuestro fútbol vernáculo y de poder trasladar eso al círculo privilegiado de los que disputan torneos continentales.
Una de cal y otra de arena. A los tumbos, con jugadores que finalizaron el torneo tratando de salvarse solos, intentando jugadas personales tan inútiles como ineficaces. Privilegiando los solos, a la armonía de conjunto. Y cuando funcionaron como grupo, los errores propios sumados a los externos (léase arbitrajes de dudosa ecuanimidad) destruyeron lo que intentó construir el cuerpo técnico comandado por Russo, que propuso una idea central que entusiasmó al principio y que los daños colaterales ayudaron y mucho a desestabilizarla. La poca amplitud de criterios generó el caos, no se buscaron soluciones alternativas y la idea primaria recrudeció en defectos no resueltos a tiempo. Entonces las derrotas llamaron a las derrotas y ni siquiera con la presencia de un goleador temible y temido como
Teófilo Gutiérrez se pudo sostener el juego, que tuvo su correlativa pérdida de confianza en el grupo, que desembocó en forma inexorable en las individualidades. De ahí que se vieran múltiples errores, y ya no solo de los que se esperaba (De Olivera, Junior Fernández) sino que se sumaron algunos referentes que entraron en un círculo tan vicioso como contagioso.
Vélez jugó ante su público casi un partido de exhibición porque Racing se ofreció de partenaire. No se puede salir a la cancha a intentar buscar algo sin estar convencido de que eso es lo que se quiere. Los que entraron a enfrentar al campeón ¿estaban realmente convencidos de lo que querían? Si fue así, les pedimos disculpas porque no nos enteramos.
Racing finalizó un torneo que lo tuvo como protagonista serio al comienzo, con marcado potencial promediando el mismo y anárquico y desbocado al final. Descarriló y no pudo levantarse más. No lo supo encauzar el técnico, no pudieron volver a su nivel jugadores como
Patricio Toranzo y
Claudio Yacob, se siguieron equivocando los arqueros,
Matías Martínez tuvo un retroceso en su juego e
Iván Pillud, por ejemplo, fue tan mediático como improductivo. El ex jugador de Newells vende humo y muchos lo compran, mientras que
Gabriel Hauche lucha contra su falta de presencia y
Pablo Lüguercio contra su inexplicable idolatría.
Demasiados obstáculos para transitar un camino que debía desembocar en algo productivo, en algo palpable, en alguna realidad visible a los ojos de los hinchas y de los dirigentes. Afuera de las copas, muy lejos del campeonato y muy cerca de una futura Promoción. Sin metas cumplidas, con un entorno apagado y poco belicoso, Racing se entregó a su mediocridad manso y tranquilo. Indefectiblemente hay que producir un golpe de efecto, algo que estimule esta inercia y remueva el agua estancada. Con Diego Simeone o con el que sea, Racing tiene que ser un hueso duro de roer, y como cantó Don Atahualpa: no puede ser que
las penas son de nosotros y los campeonatos (las vaquitas) siempre son ajenos.
RICARDO ZANOLI
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