Nos em-BOCA-mos.
Racing perdió el clásico por cometer un grosero error producto de una desatención defensiva y lo pagó caro. Demasiado, tal vez. El gol de Mouche fue apenas la diferencia que existió entre dos equipos que sintieron la ausencia de jugadores propios, de aquellos que devuelven por sí mismos el valor de la entrada.
Partidos - domingo, 20 de febrero de 2011, 10:07Hs.
La vida después de
Giovanni Moreno no es vida. La lesión del colombiano le quitó, entre otras muchas cosas, brillo a un equipo que intentó suplir con mucha entrega y sacrificio la carencia absoluta de ideas y de valores. Era previsible que esto ocurriera, con solo visualizar el mediocampo que presentó
Miguel Russo ante Boca (Iván Pillud, Raúl Poclaba, Franco Zuculini y Juan Cruz Respuela) estaba casi sentenciado que podía pasar lo que finalmente ocurrió.
En su autoexilio hacia Chile, Sarmiento escribió
“Barbaros, la ideas no se matan”. Pues bien,
Hugo Barrientos, una semana atrás lo dejó a Racing sin ideas y eso es irreversible. La voluntad de todo el equipo, al que no puede negársele la predisposición que mostró por suplir el talento ausente con un despliegue conmovedor, no alcanzó. Porque el fútbol es una combinación de atributos que solo la correcta mezcla de ellos produce el efecto deseado. Por eso, el esfuerzo de
Franco Zuculini, de una entrega superior, terminó como era previsible que iba a terminar: exhausto. Lo mismo que Pillud que hizo la banda derecha una y mil veces, pero que ese despliegue conmovedor finalmente le quitó fuerzas y lo obnubiló para que lo suyo se hiciera repetitivo y sin ninguna claridad.
De ahí que Racing se sintiera bien en el inicio del partido y que ese buen momento durara en forma aproximada treinta minutos. El tiempo que el físico termina por cobrarle el precio al desgaste síquico. En ese lapso Javier García se reivindicó ante sus hinchas y ahogó las cuatro situaciones de gol que tuvo la Academia. Después, la cautela con que encaró el encuentro equipo de Julio César Falcioni -esperó agrupado en su campo gran parte del primer tiempo-, le dio paso a un juego más parejo, luchado y friccionado en el que se comenzó a ver como en Racing, en la medida que declinaban sus reservas físicas, también declinaban sus posibilidades concretas de éxito .
El error que se pagó con tres puntos nació de un saque de arco de García que habilitó a Mouche, de gran partido, y lo dejó cara a cara con
Jorge De Olivera , quien tuvo una mediocre respuesta ante el remate del delantero xeneize.
Así de simple, así de insólito, así de horrible. Cuando uno es consciente de sus limitaciones la concentración debería ser su aliada permanente, no la tuvieron los defensores de Racing y el desenlace fue fatal. Como lo fue también para el posterior desarrollo del partido.
¿Cómo ir a buscar el empate con las carencias técnicas de un equipo sin sus máximos exponentes creativos? Precisamente, lo hicieron con todas esas carencias, se siguió corriendo y corriendo. Cuanto más se corría, más lejos del arco de Boca se estaba, que a esta altura jugaba con dos líneas de cuatro bien cerradas. Russo metió tres cambios que fueron circunstanciales, pedidos por los propios jugadores locales extenuados. Tal vez, el ingreso de
Teófilo Gutiérrez haya despertado en algunos la esperanza de que se concretara el debut soñado del colombiano, pero los sueños son eso, mensajes oníricos que solo rozan la realidad pero que casi nunca la tocan. Así y todo. Teo tuvo una, pero García estaba dispuesto a devolverle al hincha de Boca parte de la ilusión que le quitó una semana atrás y tapó con las piernas el remate del delantero.
Casi es una verdad de Perogrullo, pero en el fútbol los errores se pagan caro. Y en un partido cerrado, jugado solo con actores de reparto, el que se equivocó pagó. Y esos fuimos nosotros. Quedó la sensación que nos llevamos todos: Gío se rompió los ligamentos cruzados de su rodilla izquierda y a nosotros se nos partió el “ligamento” de la ilusión. Nos quedamos con lo que tenemos y que ¡poquito que es! Volverán los que tienen que volver, pero la magia la perdimos hasta nuevo aviso.
¿Hay vida después de Giovanni Moreno?
Sí, pero otra vida. Mucho más previsible.
RICARDO ZANOLI
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