Panorama granate oscuro
Otro empate mas y van… muchísimos. Igualdades con mucho más sabor a derrota que a otra cosa lo dejaron a Racing lejos del cómodo puntero del campeonato. El equipo del Cholo fue más que Lanús, pero el reino de los cielos está lleno de buenas intenciones, y Racing es un claro ejemplo de ello. Pero las buenas obras si no se concretan quedan simplemente en eso: en intenciones.
Partidos - jueves, 27 de octubre de 2011, 15:47Hs.
Ya no se trata de esquemas, ni siquiera de jugadores, se trata de ganar, simplemente de eso, de sumar de a tres, algo que quedó olvidado en la lejana noche de miércoles en la que se derrotó a Newells. Es notable como éste equipo repleto de buenos jugadores que conforman un plantel altamente competitivo para esta mediocridad alarmante de nuestro fútbol vernáculo, desperdicie partido tras partido la infinidad de oportunidades que tuvo de acercarse a la punta. Y no hablamos ni siquiera de alcanzar al líder, sí por lo menos de preocuparlo.
Por una cosa o por otra, los infortunios, los desaciertos individuales y de conducción táctica nos depositan en una mediocridad que no se condice con la supuesta jerarquía de futbolistas que se empeñan ellos mismos en desmitificar. Frente a Lanús, se arrancó mal, se evolucionó lentamente y cuando el partido estaba a “punto de caramelo” para la Academia, sobrevino el penal que cometió
Agustín Pelletieri. Por supuesto que sin intención, pero la mano lejos del cuerpo y en la trayectoria de la pelota es penal, por más que nos duela admitirlo. Por primera vez en desventaja desde el arranque del torneo, se necesitaba más que nunca jugadores pensantes dentro del campo de juego, y ¿qué pasó?
Patricio Toranzo se fue expulsado después de discutir con
Mauro Camoranessi, quien luego de la roja le pegó en forma criminal una patada en la cara. Afortunadamente para Racing, se fue Toranzo
pero “volvió” Gío y el colombiano se transformó en el conductor –como debe ser- del equipo que tuvo muchas chances de empatar el partido porque
Gabriel Hauche se pareció a él mismo, y porque algunos de sus compañeros comprendieron que el que pasaba era el último tren y que la decisión de subirse era exclusivamente responsabilidad de ellos.
Así fue como, por ejemplo,
Luciano Aued después de la salida de Toranzo justificó con creces su presencia dentro de la cancha y que tanto
Matías Cahais como el
“Chaco” Martínez se hayan esforzado en empujar al equipo desde el fondo. Lástima que los dos que podrían haber sacado el pasaje a una instancia más esperanzadora, no estuvieron a la altura de las circunstancias. Como los casos de
Iván Pillud y
Lucas Litch, dos excelentes jugadores hasta que tienen que tomar la decisión de definir la jugada, allí son del montón. Y
Teo Gutiérrez, un caso muy particular la de éste colombiano, que nos llevó hasta el paroxismo con sus goles y que ahora parece empeñado en debilitar su imagen en una cruzada personal peleándose con todo el mundo. Y que de una actitud un poco agresiva pero simpática pasó a una mucho más desagradable y más cercana con la mala educación.
El empate tardó en llegar pero llegó y con yapa: con la expulsión de
Carlos Izquierdoz. Lanús se quedó con uno menos y con 30 minutos por delante por jugar. Debería haber sido de Racing, pero se desgastó en el intento y pecó de falta de lucidez, la misma falta de lucidez que tuvo el técnico sacándolo a Aued y a
Giovanni Moreno, por más que justificara la presencia de
Braian Sarmiento y de
Valentín Viola argumentando que el equipo necesitaba refresco. Entiendo que se equivocó Simeone, si Giovanni está entero tiene que jugar hasta el final. ¿Qué hubiera pasado si luego de la salida de Moreno sobrevenía un tiro libre? Esa solo jugada hubiera justificado la presencia del colombiano dentro de la cancha, porque tampoco, además, hay otro jugador en el plantel con condiciones similares a Gío.
En definitiva, el tren pasó y nos quedamos en la estación, primero absortos por haberlo dejado pasar, después contrariados por la oportunidad perdida. Ahora, pasado el primer duelo post partido llegó la hora de la reflexión o del reproche. Cualquiera de las dos alternativas no va a cambiar la realidad: el equipo hasta el momento fracasó porque a pesar de no haber perdido nunca revalidó su potencial y tampoco concibió una idea de juego definida. Pasado la mitad del torneo todavía no se sabe a qué juega, y con qué expectativas lo hace. Estamos en el medio y es la peor definición, no somos ni blancos ni negros: somos grises. El color de la mediocridad.
Ricardo Zanoli
info@esperanzaracinguista.com
@EspeRacinguista
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