Picadura mortal
Racing jugó un primer tiempo pegando el tan ansiado salto de calidad, claro que para justificar su exasperante irregularidad en el segundo pegó un salto al vacío. Cayó por 2 a 1 frente a Argentinos y le dio una nueva vida al equipo de La Paternal, que en una semana había perdido el invicto en el Clausura y había quedado eliminado de la Copa Libertadores de América.
Partidos - lunes, 25 de abril de 2011, 00:38Hs.
Equipo generoso este
Racing, capaz de tenderle una mano al más necesitado como devolverle la vida al desahuciado.
La solidaridad es una virtud, la exageración una estupidez. Si no cómo se explica que teniendo jugadores de alta competencia como
Teófilo Gutiérrez; seleccionados como
Gabriel Hauche o
Iván Pillud; jugadores con pasado reciente en Europa como
Lucas Litch y
Franco Zuculini; campeones del mundo juveniles como
Matías Cahais, por ejemplo, se pierdan partidos en donde la superioridad es tan manifiesta que el rival solo espera arrodillado el golpe de nocaut definitivo. Creemos que por una sola razón: no basta con ser superior también hay que ser inteligente. Y la mejor forma de mostrar esa inteligencia es no perdonando, porque esa indulgencia a la corta o a la larga se termina volviendo en contra.
El primer tiempo fue una continuidad del clásico: con un solo equipo en la cancha. Tan grande era la diferencia entre el conjunto de
Miguel Russo y el de
Pedro Troglio, que no se notó la ausencia de
Claudio Yacob, ni las imperfecciones de
Patricio Toranzo ni las desprolijidades de un
Franco Zuculini mucho más aplicado que otras veces. Mucho tuvo que ver que Racing lo tiene a Teo, y eso sólo es un hándicap decisivo a la hora de marcar diferencias. El colombiano no parece haber nacido en tierras cafeteras, es más, parece salido de
Fuerte Apache ya que a su capacidad goleadora, a su técnica y a su entrega, a la hora de jugar le agrega una dosis importante de fiereza. Esa que no tienen sus compañeros que nunca se rebelan ante la adversidad. Así es este equipo: un placer para los ojos cuando tiene la pelota y la juega con confianza, otra muy distinta cuando le “mojan la oreja” y lo atropellan como lo hizo Argentinos, en el segundo tiempo. Solo con empujar le alcanzó al equipo de La Paternal para primero: empatar el partido; segundo, conseguir que Zuculini se vaya expulsado cuando los cargados con tarjetas amarillas eran ellos y tercero y final: quedarse con los tres puntos con un remate mordido, imperfecto e injusto que se anidó junto al palo derecho de
Roberto Fernández.
Pero la historia para ser mucho más propia de Racing tuvo un tercer protagonista:
Juan Pablo Pompei, un horrible árbitro de fútbol, sin capacidad técnica ni física y sin un solo atisbo de que alguna vez en su vida haya jugado al fútbol.
Si no ¿cómo es posible que no cobrara el penal que Gentiletti le cometió a Gutiérrez? Fue infracción dentro del área comprobable desde todos los rincones del estadio de Argentinos, avalada por una cámara de televisión y reconocida por los jugadores y los hinchas de Argentinos que hubieran acatado la sanción a regañadientes, pero convencidos internamente de la justicia del castigo. Pompei no solo no cobró el penal sino que lo amonestó a Teófilo y lo dejó afuera del clásico ante River. Un bochorno. Con un único perjudicado: Racing.
¿Es Pompei el único responsable de la derrota? No, lamentablemente no. Porque sería mucho más fácil justificar lo injustificable. El núcleo del problema radica en una cuestión de carácter. Ese que se tiene cuando las cosas marchan con viento favorable y ese que se pierde cuando la situación extrema es indescifrable. Argentinos le torció el brazo a Racing casi sin hacer fuerza, porque es el propio Racing el que se quiebra ante la adversidad. Por eso, el equipo crece en forma discontinua, porque muy pocas veces depende de sí mismo, y muchas más de lo que hace o no hace el rival. Si la inspiración es nuestra y tenemos la pelota jugamos a jugar. Cuando la tienen los contrarios no sabemos a que jugamos. Conocemos una parte del libreto y damos continuos exámenes con solo una parte aprendida. De nada sirve una presentación lujosa sino la acompañamos con un contenido sustentable. Así es el equipo de Miguel Russo:
candidato a campeón mirando el vaso medio lleno, uno más que hace bulto en la mediocridad general, mirando el vaso medio vacío.
Ricardo Zanoli
info@esperanzaracinguista.com
@EspeRacinguista
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