Racing no pegó el salto de calidad.
Demasiado Vélez para tan poco Racing. A los de Liniers se les quedó atragantado el campeonato pero se fueron de Avellaneda con un triunfo y dos golazos. Eso sí, pegaron la vuelta… pero a casa.
Partidos - domingo, 12 de diciembre de 2010, 23:14Hs.

Al final, Racing se quedó en 29 puntos, ni poco ni demasiado, una cantidad a la medida de este equipo que “le apunta al cura y le termina pegando al campanario”, como diría el Negro Dolina. Y siguiendo con los dichos, una campaña que no fue “ni chicha ni limonada”, tan “sui generis” que es tan difícil rescatar lo bueno como hacer hincapié en lo malo. Lo que sí dejó claro el partido de ayer, fue la gran diferencia actual que existe entre éste Vélez y éste Racing. Los puntos que los separan en la tabla de posiciones son tan elocuentes como terminantes. Uno está en el techo de su rendimiento, nosotros apenas sacando la cabeza de abajo del agua. Por eso, cuando Juan Manuel Martínez apiló a todos los de camisetas blancas y celestes que se le cruzaron en el camino y definió con maestría ante la salida de De Olivera, el partido estaba terminado. No tenía el conjunto de Miguel Russo argumentos válidos para torcer la historia. No con Sebastián Mayorga en el centro del campo confrontando contra Leandro Somoza y Víctor Zapata: la antítesis entre la experiencia y la inexperiencia. Terrible partido para el chico de la Academia que jugó muy mal (ya lo había hecho cuando debutó) demostrando porqué es el tercer volante de este plantel, que extraña horrores la presencia de Claudio Yacob, quien ya con el campeonato finalizado fue por lejos el mejor jugador del equipo.
Hasta el gol de Martínez fue de ida y vuelta, mas de ida de Vélez pero con buenas “vueltas” de Racing, después se escribió otra historia que tuvo como protagonista a Jorge De Olivera tapando múltiples jugadas de gol, hasta que se volvió a cumplir a rajatabla la “ley del ex” y Maxi Moralez (teléfono para la actual comisión directiva) clavó un tiro libre en el ángulo superior derecho de nuestro arquero. Final, final, final. Se acabó todo. Se terminó la tenue expectativa por el resultado y el interés por el partido, dado que Estudiantes hacía lo que tenía que hacer: le ganaba a Arsenal.
La falta de expectativa generalizado le dio paso al aquelarre en que se transformó el estadio, gente de Racing gritando goles “pinchas” (una herejía), festejando cuando el que se floreaba en la cancha era el rival, tapando con humo el desandar del equipo y tirando fuegos artificiales para ocultar precisamente lo artificial de una campaña que apuntó para arriba cuando la mira debió modificarse tanta veces que no sabemos si festejar o maldecir los 29 puntos. Era una campaña digna si superábamos los 32 puntos por un montón de razones que explicaremos en otra columna mas adelante; es otra distinta sumando los mismos que el torneo anterior. ¿Porqué? Muy simple: no pegamos el salto de calidad ni de puntos, ni de rendimiento, ni de jerarquía. Nos quedamos, a pesar de que el técnico quiera amortiguar la realidad, en la mitad del camino. Lejos de los punteros, sin clasificar a las copas, ni siquiera con la adrenalina de estar cerca de una Promoción (ésto último gracias a Dios).
Quizá la diferencia resida, esta vez, en que la eterna Esperanza Racinguista tenga mayores y mejores fundamentos para el año que viene, pero para que esto ocurra habrá que corregir el rumbo y el libreto. No se puede abrir el manual y siempre copiar la lección: volante por volante, delantero por delantero, defensor por defensor. Racing necesita variantes, mas allá de las genialidades de Giovanni Moreno, mas allá de la habilidadad de Patricio Toranzo, Racing necesita ser un equipo. Uno que deje de ser invitado a las fiestas ajenas. Uno que sea sólido en casa y que festeje cuando salga de Avellaneda, uno del que podamos estar orgullosos no por ser hinchas de la hinchada y de los colores, sino por la exposición futbolística que brinde dentro de la cancha. Por favor, son demasiados años como actores de reparto, a esta altura lo único a que debe conformarnos es un protagónico. La “base está”, construyamos con visión de futuro apostando a mejorar la calidad y que el 2011 nos encuentre unidos mirando desde arriba a los demás. No es un deseo, es un ruego, basta de mediocridad, apostemos de una vez y para siempre por la excelencia.
RICARDO ZANOLI
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