Todos desunidos, jamás venceremos
COLUMNA DE OPINION
Racing está pasando por una crisis de unidad importante, que va desde lo institucional hasta lo deportivo. Peleas, palabras de más, golpes en la interna del plantel. Y en estas condiciones era imposible conseguir los objetivos pensados en el arranque del campeonato.
Actualidad - miercoles, 30 de noviembre de 2011, 00:02Hs.
El día que Racing jugó ante Godoy Cruz (segunda fecha del torneo), en la previa de los relatos de
Ramiro Gregorio, por AM 970, se contó que la relación entre jugadores y el entrenador, Diego Simeone, estaba lejos de ser la ideal.
Ese noche se mencionó un cruce entre Simeone y Patricio Toranzo durante una práctica y como al resto del plantel le caía mal la forma de desenvolverse del entrenador de la Academia. Pero esto pasó y nadie hizo nada.
Con el tiempo esta mala relación se agudizó y se trasladó al plantel, que sumó sus propias internas entre los jugadores, algo que también se dijo en forma exclusiva desde los micrófonos de
ESPERANZA RACINGUISTA.
La racha invicta, no buenos resultados porque empatar 10 partidos de 16 no es nada positivo (es decir, se sumaron 10 puntos sobre 30 posibles, por lo cual, se perdieron 20, algo que equivale a ser derrotado en casi 7 ocasiones) y verse segundo en la tabla de posiciones taparon esto y se siguió para delante, como si nada pasara.
Pero lo sucedido con Teo Gutiérrez dejó en claro que las cosas dentro del plantel no estaban bien, debido a que lo que hizo el goleador de Racing no fue bien visto por muchos de sus compañeros, aunque algunos, como Toranzo, o Gio Moreno desde el silencio, lo hayan respaldado.
También quedó expuesto que la forma de jugar que propone Simeone no tuvo buena recepción entre sus dirigidos, aunque la mayoría eligió el silencio y sólo Teo y Toranzo se lo plantearon al entrenador donde corresponde, que es la intimidad del grupo.
El triste empate ante Boca, donde es cierto que Néstor Pitana perjudicó a Racing pero nadie gana un partido pateando al arco dos veces en forma franca y clara, y la derrota con Belgrano rompieron ese cristal en el que estaba envuelto un equipo, que en 16 partidos sólo de a ratos pudo jugar medianamente bien, luego fue todo desconcierto.
A todo esto la dirigencia de Racing estaba distraída en su propia interna y en los falsos pedidos de unidad, porque para que haya unidad alguno tiene que ceder, algo que nunca iba a suceder y esto lo sabían los protagonistas de la disputa.
Rodolfo Molina, como líder natural del club y de “Racing Vuelve”, decidió que el candidato a presidente sea Gastón Cogorno y apuesta a un cambio, algo que puede tomarse como lógico, teniendo en cuenta que no fueron muchos los objetivos que se alcanzaron en estos tres años de gobierno.
Desde el lado de Pablo Podestá, junto a la mayoría de los integrantes de las distintas comisiones del club, se pidió la unidad con la condición de que él fuera el candidato a presidente y mucha de la gente que trabaja en la entidad de Avellaneda siguiera en sus lugares, algo que Molina no iba a aceptar porque ahí radica gran parte de lo que quiere cambiar.
Entonces, durante este tiempo no hubo muchas reuniones de Comisión Directiva y el plantel profesional quedó a la deriva, con sus internas sin resolver, con un entrenador que no tuvo manejo de grupo y las declaraciones de los protagonistas podría decirse que se debieron a una angustia contenida en el tiempo.
Además, esta situación marcó otro problema, que es la falta de un proyecto integral desde lo futbolístico, porque la columna vertebral no existe.
En las inferiores de Racing se logró en este tiempo algo que es clave, que todas las divisiones se juegue de la misma manera, que tengan el mismo estilo pero esto no sirvió para mucho…
Si alguien prepara a los chicos para jugar de una determinada manera y cuando llega a primera le piden todo lo contrario, lo que se hizo en las inferiores carece de total sentido.
Las urgencias, los resultados, llevaron a este dirigencia, como a la de la mayoría de los clubes, a cambiar entrenadores de primera y no contratar ni técnicos ni maestros, ni formadores, sino “salvadores”.
La excepción a esto son Vélez y Lanús, donde los chicos juegan de una manera abajo y tratan de que arriba sea lo más parecido posible.
Con este panorama era imposible salir campeón. Seguramente la bronca del hincha radica en que en la previa parecía que estaban dadas todas las condiciones para pelear, pero ese sueño quedará para otra oportunidad.
Carlos Juvenal
info@esperanzaracinguista.com
@carlosjuvenal
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