Un termómetro llamado hinchada.
Racing obtuvo un pálido empate en Victoria como visitante y los hinchas comienzan a demostrar su impaciencia. La parcialidad racinguista se retiro del estadio de Tigre pidiendo la renuncia de su técnico, Miguel Ángel Russo.
Partidos - lunes, 27 de septiembre de 2010, 01:59Hs.
Ayer, el hincha de Racing fue en todo momento una radiografía del equipo que dispuso Miguel Ángel Russo dentro del campo de Juego. Sin importar que su equipo venga de perder cuatro partidos seguidos o que ésta hubiese sido la segunda conquista consecutiva, el Fana de Racing llegaba a la cancha de Tigre con el ánimo por las nubes, luego de haber conseguido una abultada victoria ante Lanus por 4 a 0 en el cilindro de Avellaneda. Tal es así, que la confianza que emanaba la gente, sobrevolaba por los aires la calle Guido Hispano por donde ingresaron al estadio los 3200 hinchas que llevó Racing.
La parcialidad racinguista “copo” la tribuna visitante, donde constantemente alentó, cantó y gritó manifestando su amor por los colores de manera intensa durante los primeros 20 minutos del primero tiempo, cuando el partido fue friccionado, donde se metió pierna fuerte por el lado del local, mientras que por el lado de Racing a los 18 minutos un mano a mano que tuvo Pablo Luguercio contra el portero Ardente hizo que los hinchas de La Academia quemaran los últimos cartuchos de aliento hacía el equipo.
El tiempo que avanzaba en el cronómetro y el partido se iba diluyendo por el flojo rendimiento de ambos equipos, al igual que el aliento de la parcialidad Racinguista que solo se detenía a insultar los fallos de Beligoy, mientras miraban el partido con cierta expectativa y sufrimiento, sumadose por momentos en algún cántico alentador que proponían el sonar los bombos pero ya sin tanto algarabía.
En la segunda mitad y con el pasar de los minutos, viendo que el equipo no tenia respuesta y no demostraba ser ambicioso en su esquema de juego ni mediante las variantes que se realizaron (Gabriel Hauche por Pablo Luguercio y Luís Benítez por Brian Lluy), la hinchada comenzó nuevamente a demostrar todo su enojo e impaciencia, lo que desemboco directamente en cantos pidiendo la renuncia de Russo.
Cuando se cumplió el tiempo, tres minutos de recupero se anunciaron en el cartel eléctrico del cuarto arbitró. Los murmullos de la tribuna comenzaban a bajar para hacer notar el descontento y la bronca.
Con el partido finalizado, dejando como resultado un empate con sabor a nada, la parcialidad de Racing abandonaba el estadio ya sin la ilusión que mencionábamos en el comienzo, sin esa verborragia en sus cánticos a los cuales nuevamente la hinchada, se ve obligada a cambiar por desazón, que deja esa sensación de insuficiencia futbolística que quedo claramente de manifiesto en la expresión de la gente que ya cansada de un Racing que no tiene una identidad apunta a un solo responsable, el técnico.
Ignacio Ponce
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